viernes, 2 de diciembre de 2011

últimos auxilios:

El pájaro vuelve a cantarnos recordándonos el fin de la noche. Cuántas veces ya te he escuchado. Te extrañaré cuando me vaya, cuando no escuche de nuevo ese gorjeo, cuando no vuelva a proyectar mi sombra en esa esquina, cuando ya no me tape con su manto ese pino enorme, cuando ya no suba a los bondis crepusculares con su cumbia santafesina al mango saliendo del grabador del vendedor de compacts en sus recorridos conurbanos, extrañaré al 85, a esas charlas entre colectiveros, a esas miradas esquivas de las chicas, a esos saludos lejanos con un conocido del barrio cuando me cruzo de vereda, cuando escucho un tango al pasar, una radio, un ladrido de perros, niños jugando, cuando toda la vida se resume en una tarde nublada, poco transitada, donde aún se corta la calle para patear un rato, donde aún se queman los muñecos del mal año, donde aún corren la mancha y se esconden, donde aún se trepa un árbol, y yo también caigo con ese niño que llora porque no pudo doblar ahora con esa bici sin rueditas. Extrañaré ser. Cuando me vaya, espero que sonrías, que mi velorio sea una fiesta que continúe varios días, que allí se digan todo lo que callaron, que vuelvan a nacer, que sepan que de ese mismo polvo comerán y que, de vez de penar, bailen conmigo, sí, conmigo que soy de madera, bailen por mí, bailen contradiciendo la moda de la muerte, contradiciendo los modos del vestir, conviertan mi sepelio en una orgía con fogata que se mezcle con las estrellas, con alcohol que derrame empatía entre los que antes se alejaron por no poseer las mismas sintonías, ¡Pues todos nos mojaremos con la misma ola! ¡No puedo esperar a verlo! Lo siento.